Instrucciones para hundirse en la miseria

+ Ejercicios de Laboratorio de Escritura (2010).  Versión a lo Cortázar ( sin  salvar distancias, porque es imposible) 

Aquel que se preste a hundirse en la miseria ha de tener en cuenta la importancia del contexto. Si no quiere ponerse las cosas difíciles lo mejor sería evitar días soleados y primaverales, vigilias de festivos o simplemente viernes por la tarde.  Sugerimos un domingo de invierno, preferiblemente en noviembre.  Uno de esos domingos grises de nubes bien cerradas, calles desiertas y mala programación televisiva.  Estará usted solo en casa sin riesgo de que alguna persona cercana y bienhumorada se deje caer para estropear el proceso.  Deberá tener preparada una buena cantidad de alcohol de graduación y tipología diversa.  Ambiente la situación ( recordemos la importancia del contexto) con tangos o rancheras. Empiece con el vino, mezcle con cerveza, “se me olvidó otra vez, que sólo yo te quise”, orujo de hierbas y finalmente tírese al whisky  o al tequila.  “He venido por última vez, he venido a contarte mi mal”. En sus recuerdos, no escatime.  Evoque los momentos más felices de su pasado, adórnelos con mil y un detalles como si fueran un regalo . Saque las fotos de sus antiguos amores, piense en Bécquer y en las oscuras golondrinas que nunca volverán.  Beba y llore; llore y sienta la autocompasión con un líquido viscoso derramándose sobre usted. Y cuando empiece a inclinarse sobre si mismo, en caída prevista hacia la moqueta, salga a la calle.  Lloverá.  Calado, entre en el peor bar, el más oscuro, el más sucio del barrio. Pida más alcohol y beba acodado en la barra.  Sufra la vergüenza de ver a los parroquianos apartarse de su lado con cara de asco, de desprecio. En el lavabo recuerde cuando era joven, inocente, cuando no tenía esa mirada de ojos abotargados. Por último deslícese , sin remedio, hacia el suelo encolillado, la mejilla pegada a la loza, y muerda el polvo.

 

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