Pantallas entre dos

-¿Y? ¿Cómo fue?

-…¿?

-Con tu cita, je, je.

¿A cuenta de qué venía esa falsa despreocupación? le hería un poco la normalidad del tono, las maneras impostadas de vieja amiga.

-Bien, bien…No sé, ¿qué quieres?..¿qué quieres saber?

-Bueno…pues…no sé…cuenta.. ¿Qué hicistéis? ¿dónde fuisteis?

Las cervezas en la barra, enfrentados en los taburetes. El teatro de la primera vez. Intentar repasarla, de forma discreta, aunque ellas siempre adviertan, de todas maneras, si les miras el escote o te retrasas para valorar el perfil trasero.

-Tomamos algo…en La Lupe.

-Ah…vaya..La Lupe…cuanto tiempo…

¿Por qué eligió ese lugar? La costumbre, supone. Pero es cierto: extraño quedar allí, inapropiado, tal vez. Aún así ¿ de qué sirve mitificar los sitios? Acabaría, todo el mundo, con su mapa de puntos negros de la ciudad:  aquí fuí a un concierto con C y la besé, allí conocí a R…

-Bueno…y ¿qué más?

¿Qué quería saber? No quiere saber qué pasó, quiere que le cuente, con desgana, que no era lo que él  esperaba, que era sólo una chica más.

Y sí…era una chica más,  pero no merece que se lo explique, que cuando la vio no sintió nada especial, aunque oliera bien y tuviera una bonita sonrisa. En fin, que nada parecía amenazar  ningún trastorno. Rieron, bebieron, se besaron y sí, follaron. Simple, sencillo e irrelevante.

-Pues…tú que crees?…

-Ji ji…emoticono guiña el ojo…Perdona, un momento …tf

¿Debían ser las cosas así? Confidencias escritas, revelaciones innecesarias, armas arrojadizas del orgullo. Y un salvapantallas con burbujas de jabón.

-ya está…bueno…¿y cómo es?

-No sé…Mona…Parece..una chica maja…agradable…

Un rostro que se desdibuja, rizos, la imagen de un pecho, un pezón, pequeño, una leve barriguita; fotos Polaroid de un solo encuentro.  Un cuerpo que no se ha dejado contemplar aún, entero, en momentos inoportunos; un cuerpo donde faltan las pecas, y las estrías y los pelos olvidados por la depiladora.

-bueno, y…¿ bien? Me refiero..¿hubo tema entonces? (emoticono pone cara de expectación)

-Eh…pues …sí…bien…o sea…sí, lo pasamos bien. – No es mejor que tú, nadie lo es, nadie me miró con esos ojos ni se abandonó, ni se me ofreció del todo como lo hiciste tú. Sería bastante fácil decirle lo que espera,  hacerla feliz y conseguir , de paso, creerlo él también. Quedarse con que algo fue auténtico. Algo más puro, más real.  En cambio, la verdad es que no recuerda muy bien cómo era estar con ella. No lo recuerda realmente, en el fondo.  El tiempo pasa,  y todas esas pocas mujeres se han superpuesto como capas de barniz. Y las bocas y los gestos se repiten,  hasta las frases guarras suenan de algo. Al final aquellas emociones , amontonadas, son imposibles de separar unas de otras.

-Bueno, tanto preguntar.. Tú , ¿cómo estás? – Ahora le toca a él, saber del tío con el que ella está y hacer como que da igual. Una especie de palmadita en la espalda, felicitar, aparentar indiferencia teñida de interés teñido de desapego. Muy en el fondo , en cambio, sentir algo dentro: un pellizco que se pretende ignorar y  que, aparecerá luego, aumentado, cuando cocine o vaya en metro.

-Bieeeen…muy bieeeen..- todo el tiempo esperando a decirlo, está claro.

-qué bien… – y qué uso del lenguaje, maldita sea…pero como contestar sin que parezca que le molesta, un poco, que ella esté con alguien. O que se lo quiera restregar, de algún modo.

– Me alegro de que estés contenta. -me alegro por ti, de que seas feliz, sólo quiero tu felicidad. Sólo si yo tengo la mía primero y desde la condescendencia del satisfecho te ofrezco mi bendición. Y no es el caso.

-Sí, me voy a Roma de puente. Emoticono con enorme sonrisa.

-Ohh..fenomenal..- estará lleno de turistas y harás cola en todas partes. Escucharás “qué maco!!!” y saldrás sin quererlo en montón de fotos en Facebook de capullos que disparan con el móvil a diestro y siniestro. ¿Y?  Qué le importa a él, que se quedará en la ciudad y se levantará tarde, con resaca, al menos un par de días, y entonces la recordará, no como es en realidad, aunque hace mucho que no la ve en carne y hueso; ni tampoco como era hace dos años; como era estar con ella, hablar con ella y discutir y ser sacado de quicio por ella o desearla. No, no así, sino como esa idea vaga y genérica de ella que a veces se le aparece en las madrugadas del domingo, cuando no se ha  comido nada y vuelve andando a casa con esa desazón mezcla del alcohol y la soledad  y las canciones pop que ha escuchado por enésima vez en el pub de siempre.  

-pues yo me quedo, a guardar las calles.

-bueno…igual tienes más citas.

Sí, igual vuelve a  llamarla. El sábado…y el domingo quizás sea menos gris y menos frío. Le dijo, recuerda, que le gustaba ir a la playa a pasear con su perro, que se llamaba Klaus. Tal vez quiera que la acompañe y quizás si sale el sol, aunque sea diciembre se puedan tomar un vermut en la Barceloneta, y jugar a que son novios.

-Pues me alegro un montón de que estés bien.

-y yo

-cuídate

-sí, igual…que te vaya bien

-sí

-hablamos

-ok, ciao

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