Canción marina

En el agua negra del mar

de la noche soy prisionera.

No es la ola que mece y acuna

ni la espuma que pies acaricia.

Es la masa de líquido enorme

son los litros y litros de peso.

Es la luz que no llega hasta abajo

o, mejor, la negrura insondable.

Prisionera del cieno y las algas,

en la hondura quedé encadenada.

¿No escucháis mi lamento que sube

en burbujas en busca de auxilio?

No sentís como, apenas, del ancla,

un temblor os empuja profundo?

Engañados estáis por la calma,

por la brisa que riza las olas.

Más abajo me quedo enredada.

Otra vez fuera yo la ignorante,

esta vez la condena, en la asfixia,

es la mía.

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