La Verneda

Horizonte de cubos,

suelo de grises,

un árbol oprimido

regado por orines

de perros pekineses.

Mis pies sobre patines

en círculo dibujan

las pistas de cemento

o escalan en las gomas

canciones repetidas

en pausado rumor.

Mi yaya Marta dice

“debieras ser más buena

no quiero verlas más,

peleas entre hermanas”.

Rezo las oraciones

y el angelito  guarda

los lados de mi cama

mientras la comunión se acerca

y ya no creo en Dios.

Mi mundo se dibuja

en cuatro calles amplias:

los fosos invisibles,

las chabolas que estaban

del puente al otro lado,

la Barcelona  que estaba

del mundo al otro lado.

Llévame tía Nuri,

Cortilandia, la playa,

un bocata en el Bocata

la vida por empezar.

He olvidado casi todo,

pasó un mundo por encima,

ilusiones, risas,

miedos.

Olvidé casi todo,

¿para qué la nostalgia?

Para saber quien eres

-dicen-

no creo que aquella

haya cambiado tanto

ni hace falta recordar

los juegos o las burlas

si igual respiran dentro,

emboscados.

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